no tienen que ver conmigo,
ni siquiera me conocen.
A pesar de eso me aplastan,
me dejan en el suelo,
mis ojos no ven nada
sino la huella de su peso.
Son los hombres que vemos,
son las bocas que oyemos
en las pantallas,
no importa cuáles,
siempre son ellos.
Con luces me oscurecen,
con flores me hieren,
cuando el ojo se cansa,
siguen viendo,
que me voy cayendo,
que ya no puedo
mover mis pies
de su cemento.
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