Esa noche lo vi, lo vi en el patio trasero acariciando algo, no pude ver qué era. Al hablarle, guardó ese objeto tan preciado , al parecer, por él, entonces le dije:
-¿Hola?. Y el respondió tartamudeando de nerviosismo: Eeh, eh, Ho-hola. Así que le pregunté si algo le pasaba, respondiendo él que que no le sucedía nada. Entonces le dije firme y un poco enojada:
Yo sé cuando algo te pasa , así que, Rubén, dilo. Entonces se volteó con unos ojos muy desconocidos para mi, abiertos, muy abiertos, y rojizos, me asusté al ver esta extraña expresión de él, entonces traté de escapar justificando:
Creo que no vine en un buen momento.
Él respondió con un tono muy meloso y suave como si quisiese obtener algo de mí:
No! es el mejor de los momentos. Y comenzó a desabrocharse la camisa, pese a estar en un patio ajeno, entonces se me creó un nudo en la garganta y escapé, saqué las llaves de mi auto que estaban en el mueble de la sala, abrí la puerta sin despedirme de nadie , creí tener todas las miradas sobre mi, pero eso no es seguro, me subí al auto y partí a mi departamento, la llegar lloré como nunca había llorado, pero no por pena ni por angustia, sino por no saber quién es, perdón era, mi pareja.
En la mañana, al despertar, vi el televisor y el DVD encendido, palomitas de maíz desparramadas por mi sofá, una frazada en el suelo y una llamada perdida de Rubén, nunca me pude acordar de cuando hise todo eso.
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